Esther, una pensionada de sesenta y siete años de edad que logra llegar al fin de mes gracias a la ayuda monetaria enviada por su hijo desde España, confiesa revisar a diario la tasación del euro.
Para ello, expresa, no se remite a las tasas oficiales publicadas por el Banco Central de Cuba (BCC) y CADECA, sino a elToque; medio que, desde hace algunos años, ha pasado a ser la principal y casi exclusiva referencia dentro del mercado cambiario cubano.
«Mi hijo intenta enviarme cada mes algún dinerito. Yo no puedo ir a cambiar esos euros con el Estado. No me daría para casi nada. Ya con la gente de la calle es otra cosa»
La diferencia entre una y otra es contrastante. En tanto las cotizaciones oficiales de las divisas se mueven en el entorno de los 120 pesos, las del mercado informal superan con creces los 400 pesos. Por ello, como Esther, otros cubanos poseedores de divisas acuden a este último, aun cuando incurran —de acuerdo a la legalidad vigente en el país— en un delito.
Eugenio, un ingeniero devenido plomero desde los noventa, acude a elToque en busca de una referencia para tasar el precio final de cada trabajo. «Yo al cliente le doy un presupuesto en USD, pero siempre con la posibilidad de pagar en cualquiera de las dos monedas».
Agrega, asimismo, que, para protegerse de la volatilidad reciente de las divisas, fija una tasa de referencia inferior a la vigente en el mercado informal. «Si, por ejemplo, el dólar amanece a 440, lo cojo a 400. Antes, cuando estaba en 300 y pico, se lo valoraba al cliente en 300 o 350. Casi siempre unos 30 o 40 pesos por debajo. Así dejo un margen para no perder»,
Al igual que Eugenio, varios establecimientos privados de diversa índole optan por una estrategia similar. En una cafetería ubicada en las cercanías de la clausurada terminal de ómnibus, una trabajadora del turno diurno expresa, bajo condición de anonimato, que el dueño toma ahora mismo cada dólar en 400, en tanto estos sean denominaciones superiores a los USD 5. El euro, por su parte, lo canjea por 420 pesos.
«Aquí viene mucha gente de Varadero. Las guaguas [de trabajadores del sector turístico] pasan por aquí hasta la madrugada, y muchos se bajan a comprar con dólares o euros que les dejan de propina. A veces nosotros aprovechamos y, si tenemos algún dinero ahorrado, lo compramos al precio que fija el dueño y lo revendemos en la calle al valor que esté. Así se saca algo aparte del salario y las propinas, para ir tirando».
«Todos los días yo reviso la página de elToque. Es la única referencia que existe para tener una idea del precio que tienen las divisas. Porque aquí nadie se acuerda del tipo de cambio oficial. Nadie cree en eso. Yo ahora mismo compro cada dólar en 430, como casi todo el mundo en Matanzas. Desde que empezó esto, yo me guío siempre por elToque».
Por «esto», José Miguel, un comprador y vendedor de divisas en el mercado negro, se refiere a la dolarización de la economía que, junto a la crisis, ha complejizado a sobremanera la vida de muchos cubanos en la isla.
A raíz de la caída de distintas exportaciones cubanas y de diferentes fuentes de ingresos en monedas libremente convertibles, el Estado cubano inició la apertura de una red de tiendas que operasen exclusivamente en MLC: una moneda electrónica creada con un valor de cambio superior al peso cubano, contando con una función similar al ya por entonces moribundo CUC.
Con la crisis económica que estalla a partir de la pandemia de Covid-19, la dolarización se extendió a casi la totalidad de los establecimientos de las cadenas de tiendas existentes en el país, llegando posteriormente a otros servicios, como la venta de combustible, por ejemplo.
Esto, junto a la devaluación de la moneda nacional —como resultado del proceso de unificación monetaria y de la fallida Tarea Ordenamiento—, en una economía abierta como la cubana, disparó la demanda de divisas.
Ya desde antes de la Covid-19, el mercado informal concentraba la mayor parte de la oferta en la comercialización de estas monedas, que comenzarían a cotizarse por encima del tipo de cambio oficial.
Manteniendo el mismo tipo de cambio de años anteriores, el BCC fue perdiendo su función como referente legal, dejando un vacío que medios como elToque supieron llenar.
«Pudo haber sido elToque o cualquier otro. El valor del dólar y otras divisas lo determina el mercado. Es una ley económica básica», explica el presidente municipal de la Asociación Nacional de Economistas de Cuba (ANEC), Carlos Alberto Ripoll Lauzurique.
Desde aquellas fechas, el valor de la moneda fuerte que circula en la isla ha experimentado un sostenido y meteórico incremento, pasando, solo en el presente año, de alrededor de 300 pesos a situarse muy cerca de los 500.
Semejante aumento incide directamente en la inflación de precios que, a su vez, anula progresivamente la capacidad adquisitiva de los salarios, convirtiéndose en una de las preocupaciones más acuciantes de la población.
Ante tamaño problema, se ha venido presentando a elToque como un instrumento del gobierno norteamericano al servicio de la guerra económica y financiera contra el país. Desde el sitio Razones de Cuba y programas televisivos especiales, se ha hecho hincapié en la responsabilidad de este medio en el alto valor de las divisas, conectando al mismo con presuntos esquemas de especulación financiera.
No obstante a ello, las pruebas presentadas, de momento al menos, resultan insuficientes para sostener tales afirmaciones, al tiempo que la realidad y las leyes económicas contradicen parte de estos argumentos.
En relación con esto, Ripoll insiste en que la problemática cambiaria debe entenderse, en primer lugar, a partir de las leyes económicas, no de la posible especulación que un medio como elToque pueda ejercer.
«Ellos [elToque] aprovechan el espacio que las instituciones oficiales ceden al mantener un tipo de cambio ajeno a las condiciones del mercado. Podrán llegar a moldear la tasa, a participar de la especulación que envuelve a los mercados de este tipo, pero no determinan la cotización de estas monedas.
»Es la ley de oferta y demanda la que, en primera instancia, establece estos valores. Mientras la demanda se encuentre por encima de la oferta, los precios continuarán altos.»
En este punto, el vicepresidente provincial de la ANEC, Ligio Barrera Kahly, coincide con Ripoll, advirtiendo que, aunque elToque pueda ejercer cierta influencia sobre el mercado informal, y esto no deba perderse de vista, son las condiciones actuales de la nación y la escasez de este tipo de circulante las causas que deben centrar las preocupaciones y los análisis concernientes en pos de dar solución al problema.
Amén de los probados vínculos entre el presunto medio independiente y la agenda política del gobierno estadounidense hacia Cuba, este no tendría la suficiente capacidad para manipular por sí solo el mercado de divisas que, al margen del Estado, funciona ahora mismo en la isla. Ello, como han aseverado distintos economistas a lo largo de las últimas semanas, requeriría de una inversión multimillonaria por encima de las posibilidades reales de un medio subvencionado por agencias federales de Estados Unidos, como lo es elToque.
La campaña contra este medio perseguiría, sin importar las falencias de algunos argumentos o la visión sesgada que promueve, asestar un golpe a la credibilidad de este diario, intentando potenciar una caída del valor de estas monedas en el mercado informal. Ello estaría en consonancia con el propósito declarado de aprobar un nuevo tipo de cambio oficial a precios flotantes y de recuperar el control del mercado cambiario por parte de las instituciones oficiales encargadas de ello.
Sobre esta posible medida del gobierno cubano, Ripoll se muestra escéptico. «Lo que el Estado hará, seguramente, será ir tanteando en un inicio una tasa semejante a la que referencia elToque y, en tanto no sea el BCC el principal tenedor de las divisas, el precio lo seguirá imponiendo el llamado mercado sumergido.»
»En un primer momento, y con una tasa que se adecúe a las condiciones reales, CADECA pudiera comprar los dólares que hoy circulan en el país o los pocos que ingresan por vías informales, para posteriormente venderlos a actores económicos vinculados a la producción, pero en ningún caso a la población. Eso ya fue un error en el pasado.
»Esto, debo insistir, no pasa de una medida paliativa que en ningún caso representaría una solución definitiva. No obstante, es un primer paso necesario que, además, no estará exento de obstáculos, por cuanto hoy, por ejemplo, el BCC no posee ni la liquidez ni la credibilidad que le permitan competir contra los oferentes del mercado negro.
»Si no se le da paso a una inversión extranjera, donde esta asuma el control total de los procesos productivos de ciertos sectores económicos —desde la adquisición de materias primas hasta la remuneración a los trabajadores—, no vamos a tener ni una economía ni un mercado cambiario estable. Desde la ANEC se ha escrito sobre ello.
»El Estado tiene necesariamente que entregar ciertos renglones a capitales foráneos o nacionales con capacidad para operar los mismos. Como debería, igualmente, abandonar la centralización que asignación centralizada de divisas, que entorpece la reproducción ampliada de las empresas.
»Sin esos pasos, el país no logrará ingresar el flujo de dinero ni producir los bienes y servicios necesarios para comenzar a controlar la depreciación del peso y la inflación existente.
»Una campaña comunicacional, propagandística, puede influir temporalmente sobre el mercado cambiario, como ya se vio, pero no redundará en su estabilización y, mucho menos, en garantizar una caída sostenida del valor de compra y venta de estas monedas. Eso solo sería posible con una inyección de moneda fuerte, un aumento de la oferta.
Las tesis que ofrece Ripoll Lauzurique sobre la imperiosa necesidad de que la inversión extranjera asuma un rol más preponderante dentro de la economía nacional, sea abandonado el esquema centralizado de asignación de divisas y puestos en disposición de la producción los capitales fuertes que circulen en la isla; parecen ganar mayor validez frente a la histórica incapacidad de buena parte de la empresa estatal.
La caída de las principales fuentes de ingresos —la exportación de servicios médicos, el turismo y las remesas familiares— y la excesiva centralización dejan muy poco margen de maniobra al sistema empresarial estatal. Los insuficientes actores no estatales han demostrado durante los últimos tiempos que, aun dentro de las condiciones que imponen el bloqueo norteamericano y las deformaciones estructurales de la economía doméstica, pueden hallarse alternativas que posibilitan sortear los obstáculos impuestos desde Washington y La Habana.
A lo largo de las últimas semanas, con la adopción de diferentes medidas, la dirección del país pareciera estar siguiendo, en parte, la senda marcada por diversos economistas durante años. Para ello, debió de producirse un irreversible quiebre económico, establecerse más de un centenar de nuevas sanciones económicas y emerger un convulso contexto global y regional.
Quedará por ver si la maltrecha credibilidad del sistema bancario y económico, o la insistencia estatal en asumir erráticas políticas no terminan por truncar los deseados y necesarios efectos de este camino a desandar.
